Nuestro papel es ser los monjes en la sociedad del reggetón y el messenger; nuestra doctrina, el nomadismo espiritual —la no doctrina—; nuestro lugar es el camino que se abre; nuestra meta, el andar sencillamente. No nos conduce una voluntad inamovible, ni una idea concebida antes de tiempo: sólo estar a la escucha de las sinuosidades del terreno.
Cultivamos un salubre escepticismo, puesto que el mayor peligro —y no un peligro salvador— sería forjar y promover un nuevo dogma. No proclamamos nada, no imponemos nada, y sin embargo jamás abandonamos la utopía: tal cosa sería traicionarnos en lo más hondo.
Viajo por el mundo
De aquí para allá, de aquí para allá
Cultivando un pequeño campo
Dice Basho. A ese campo invitamos a quien quisiere venir, pero sólo hasta que sea capaz de sembrar el suyo propio. Sus flores —guardamos profunda fe en que eso ocurra, hoy, mañana, dentro de cien años― atraerán, a su vez, nuevos jardineros.

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